En homenaje a dos amigos del alma.
Era un dicho que solo se lo había escuchado decir a mi madre durante toda una vida: "los tres amigos del teatro: escoba, bacín y trapo". Significaba para ella la sólida amistad que logran tener tres personas a lo largo del tiempo, de esas amistades que se mantienen "hasta grandes". De esa amistad intensa, alegre, triste, de risas y lágrimas.
Esta anécdota, motivada por tres amigos, dos él y una ella, será contada en tercera persona para proteger a los inocentes.
Dicho esto, a los hechos.
Escoba (ella) y Trapo (él) son los dos ángeles de la guarda de Bacín, que de salud esta más o menitos, que tiene dos enfermedades incurables bastante temidas. Por este motivo, Bacín se moviliza en silla de ruedas. Trapo se encarga de manejarle el auto a Bacín cuando hay que ir al médico, de compras o lo que sea. También arregla las posibles fallas que de vez en cuando se presentan en la casa de Bacín. Y Escoba es la administradora, jefa de personal, de relaciones públicas y gran coordinadora de médicos y clínicas.
El otro día, fueron los tres al supermercado a comprar una serie de cosillas que faltaban para la casa de Bacín, aprovechando de paso de comprar cosas para los otros dos. Al entrar a la tienda, Bacín y Trapo se fueron por un lado y Escoba se fue por otro. Cada uno a buscar sus cosas.
Luego de un rato, Escoba estaba en la sección frutas, que fue donde Bacín y Trapo le dieron el alcance. Se enseñaron sus respectivas compras e intercambiaron algunos comentarios y bromas.
Como ya tenían todo lo que necesitaban, se dirigieron los tres a la caja para efectuar el pago respectivo. Cuando de pronto, al pasar por un arreglo de plátanos todavía verdes, acomodados cuidadosamente en forma de torre por los trabajadores del supermercado referido, Trapo hizo una mala maniobra con la silla de ruedas de Bacín. En eso, se escuchó la potente voz de Trapo: "¡Mira Bacín lo que has hecho!" (Trapo se la pasa echándole la culpa a Bacín de cuanta torpeza pasa a su alrededor.)
Bacín, sin siquiera darse cuenta de lo que había pasado, lo único que alcanzó a ver fue a Escoba, que estaba adelante de ellos, mirando cómo la montaña de plátanos iba cayendo plátano por plátano. En ese instante, los trabajadores del supermercado y los demás clientes que estaban por ahí, que seguramente habían alabado el cuidado que se había puesto en armar la torre de plátanos de dos metros de altura, observaban cómo Trapo empezaba a recoger plátano por plátano, ya regados por todo el piso, tratando de arreglar la torre. Mientras tanto, por el lado opuesto, otros plátanos caían.
En ese instante, Bacín dijo "mejor nos vamos, deja todo en el suelo y salgamos de acá rápidamente". Con una cara de seriedad mortuoria, cada uno canceló sus cosas. Trapo se encargó de embolsar, Escoba de pagar lo suyo y lo de Bacín, y Bacín estaba en su silla de ruedas con cara de "yo no fui".
A la salida, los tres estaban mudos de espanto, con el temor propio de haber salido filmados por las cámaras de seguridad, y que los iban a atrapar en plena fuga. Cuando de pronto, se escuchó la potente voz de Trapo que dijo: "felizmente no fue una torre de latas". Escoba intervino diciendo "hubiera hecho un poquito de ruido". Bacín, recriminando a Trapo, le dijo: "tú toda la vida echándome la culpa de tus torpezas".
Llegaron al auto, subieron y lo único que se escuchó fue un solo de risas. Los tres no paraban de reír por lo que había pasado.
A ese tipo de amistad se debe haber referido mi madre cuando decía "los tres amigos del teatro: escoba, bacín y trapo".